Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar en una mesa redonda organizada por La Vanguardia sobre soberanía tecnológica, inteligencia artificial y resiliencia digital.
Durante el debate, intercambiamos diferentes puntos de vista entre representantes de distintos sectores y hubo una conclusión que apareció una y otra vez: la tecnología se ha convertido en un factor tan estratégico que ya no basta con preguntarse qué herramientas utilizamos; debemos preguntarnos también cuánto control tenemos sobre ellas.
Tradicionalmente, cuando escuchaba hablar de soberanía tecnológica, tendía a asociarla de forma estricta con la ubicación física de los datos o con la dependencia de determinados proveedores. Ahora, creo que el concepto es mucho más amplio: la soberanía tecnológica consiste en mantener la capacidad de decidir. Decidir dónde ejecutamos nuestros servicios, cómo protegemos nuestra información, cómo garantizamos la continuidad del negocio y cómo evitamos que una decisión tomada hoy limite nuestra capacidad de actuación dentro de cinco o diez años. Y eso es especialmente importante en el sector financiero.
La tecnología: Un activo esencial del negocio financiero
Uno de los cambios más profundos que he vivido durante mi trayectoria profesional es comprobar cómo la tecnología ha pasado de ser una función de soporte a convertirse en una parte esencial del propio negocio. Hoy un cliente puede abrir una cuenta desde el móvil, contratar un producto, realizar una transferencia internacional, solicitar una financiación o interactuar con el banco sin acudir a una oficina.
Eso significa que nuestras plataformas digitales, nuestras infraestructuras y nuestros datos son activos estratégicos. Y cuando algo es estratégico, mantener la capacidad de controlarlo se convierte en una prioridad.
Por eso, cuando en Banco Sabadell impulsamos iniciativas de transformación digital como NewApp, no pensamos únicamente en ofrecer una mejor experiencia de usuario, pensamos en construir capacidades tecnológicas que nos permitan evolucionar rápidamente, escalar cuando sea necesario y mantener los niveles de seguridad y disponibilidad que esperan nuestros clientes.
El nuevo paradigma de la resiliencia operativa
Hace años, cuando hablábamos de continuidad de negocio, la conversación giraba alrededor de los centros de datos: ¿qué ocurre si un CPD deja de estar disponible?, ¿cuánto tardamos en recuperarnos?, ¿tenemos una réplica adecuada? Hoy en día las preguntas son mucho más complejas.
- Seguridad: ¿Qué ocurre si sufrimos un ataque de ransomware?
- Ecosistema: ¿Qué pasa si un tercero crítico o un proveedor esencial deja de estar disponible?
- Complejidad: ¿Cómo recuperamos centenares de servicios digitales en un entorno híbrido donde conviven tecnologías tradicionales, cloud y soluciones SaaS?
La soberanía tecnológica se mide cada vez más por nuestra capacidad de recuperación ante la adversidad. Por ese motivo, impulsamos iniciativas orientadas a reforzar nuestras capacidades de restauración de entornos críticos, incluyendo arquitecturas que permitan disponer de copias más aisladas, protegidas e independientes ante escenarios extremos. Cuando analizamos hoy en día una arquitectura tecnológica nos preguntamos, sobre todo, cómo responderá cuando algo vaya mal.
La nube no es el problema, la dependencia sí
A menudo la soberanía tecnológica se plantea como un debate entre cloud y on-premise. A menudo se presenta como si uno fuera más moderno que el otro, aunque personalmente creo que es una simplificación excesiva. La nube aporta capacidades extraordinarias de escalabilidad, innovación y velocidad. Sería absurdo renunciar a ellas. La cuestión relevante es otra: cómo aprovechamos esas capacidades sin generar dependencias que puedan limitar nuestras opciones futuras.
En Banco Sabadell apostamos por una visión equilibrada basada en arquitecturas híbridas. Determinadas capacidades se benefician enormemente de la elasticidad del cloud público. Otras requieren niveles adicionales de control, resiliencia o proximidad al dato. La clave está en mantener la capacidad de elegir. La verdadera soberanía no consiste en construirlo todo uno mismo, sino en poder decidir en cada momento cuál es la mejor opción para la organización.
La Inteligencia Artificial abre nuevas oportunidades y responsabilidades
Si existe una tecnología que está acelerando este debate es, sin duda, la inteligencia artificial. En los últimos meses he participado en numerosas conversaciones sobre IA. Algunas giran alrededor de la productividad, otras sobre eficiencia operativa y otras sobre nuevos servicios para clientes.Pero todas terminan llegando al mismo punto: ¿cómo desplegamos estas capacidades de forma segura y responsable?
La verdadera pregunta es cómo protegemos los datos, cómo gobernamos los modelos, cómo garantizamos el cumplimiento regulatorio y cómo evitamos convertirnos en simples consumidores de capacidades externas sin desarrollar conocimiento propio.
Por eso considero que la soberanía tecnológica y la inteligencia artificial deben avanzar juntas.
El activo más importante son las personas
Durante el encuentro de La Vanguardia se habló mucho de plataformas, infraestructuras, regulación y datos. Pero creo que deberíamos haber dedicado más tiempo al elemento más importante: las personas. Porque ninguna estrategia tecnológica será realmente soberana si el conocimiento más crítico reside completamente fuera de la organización.
Los proyectos más ambiciosos que estamos abordando —desde la modernización de nuestras plataformas digitales hasta la adopción de capacidades de IA o el refuerzo de la resiliencia operativa— sólo son posibles gracias al talento que tenemos dentro de Banco Sabadell.
Con una mirada al futuro
Estoy convencido de que en los próximos años continuaremos viendo avances tecnológicos extraordinarios. La inteligencia artificial, la automatización, más y mejor cloud y las nuevas plataformas digitales seguirán transformando la forma de operar. Nuestro reto no será decidir si adoptamos estas tecnologías, sino hacerlo manteniendo nuestra capacidad de decisión, nuestra resiliencia y nuestro conocimiento.
Porque, al final, la soberanía tecnológica consiste en conservar la libertad de elegir nuestro propio camino tecnológico.